Por Manuel Toranzo Montero.Licenciado de Filosofía.
Hoy es la primera reunión del grupo “Podemos” en Carmona. Lo cierto es que por un compromiso no podré acudir, aunque me hubiera gustado. En todo caso, espero poder enterarme de qué, cómo y quién habló durante dicho evento. Me recuerda un poco a las primeras reuniones del “Frente Cívico”. En cualquier caso, espero que sean justamente lo contrario. Yo acudía a dichas reuniones henchido de fe ante la posibilidad de que se hablará de política en nuestra localidad, sin embargo ahí todo lo más que se hacía era tocarse superficialmente el tema. Además, ciertas ideas hacían su clara preponderancia, imagino que la política se había convertido para los representantes de esos grupos en un asunto casi religioso. Bueno, en rigor, más que la política el apoyo a ciertas medias que se corresponden con ciertas ideologías –vamos lo de siempre-.
¿Qué habría de ser entonces el grupo “Podemos” en Carmona? No debería ser ni más ni menos que un centro para la reflexión política en nuestra localidad. Que los que sepan hablen y expliquen, traduzcan a palabras de román paladino el jeroglífico político. Y eso, en verdad, no es poco. Fichte había ya señalado que la política es declarar lo que es. Pues no es mala empresa la que se podría echar sobre sus hombros el grupo “Podemos” si se plantea dicho objetivo: desnudar, levantar las faldas, al velado y emperifollado cuerpo político actual; quitar el maquillaje y presentarnos lo que sea la política actual en su nuda realidad. Cuando las palabras de los políticos de turno lo que hacen es ocultar, este grupo se plantearía justo la misión contraria: desvelar. Los griegos, con no poca idea, llamaban a la verdad aletheia, o sea, des-velamiento. Al final va a resultar que la verdad es un asunto político, y que como cualquier ciencia la política requiere unas exigencias, unos conocimientos previos que dirijan la comprensión. Ese suelo desde el que se hace política, eso básico que hay que conocer de la política es lo que podría enseñarnos este grupo. En la guerra política dichos conocimientos son como en las sanguinarias los cañones y las armas. Así pues, que vayan fraguando la artillería para el cambio.
Sin embargo, quizá lo mejor, lo más provechoso, lo más laudable y lo que más excelencia moral (e intelectual) demostraría sería preguntarse en serio por la política y su relación con los partidos –como curso introductorio, claro-. A fin de cuentas “Podemos” es también un partido. ¿Se reduce la política a los partidos? ¿Qué relación tienen éstos con la política? Seamos analíticos –o sea, seamos rigurosos y científicos-. La política es todo un horizonte de problemas, un campo siempre preñado de nuevas semillas prestas a germinar. Los partidos son los representantes de las semillas que ya conocemos, son las semillas que ya han florecido y crecido: son la fruta madura de la política, pero no sus raíces. Por tanto, dentro de mundo político los partidos representan el pasado, la tradición que sigue viva. Ahora bien, que la tradición siga viva, no significa que sea la única vida. Es más, al ser parte del pasado, dentro de la vida de la política son lo menos vida que existe, son el geriátrico social. Las ideologías ya descubiertas fueron necesarias en un momento y por eso los hombres del pasado las buscaron, porque sentían en su espíritu como una mutilación endémica que dicha ideología venía a reparar. Por eso, porque no la tenían y las necesitaban las buscaban y sentían su falta como una enfermedad crónica. Se entiende que por su absoluta necesidad fueran capaces de morir por ellas. Nosotros ahora tenemos ya esas ideas, pero nos falta lo más importante para ilusionarnos por ellas, nos falta el necesitarlas –como las tenemos, como estamos cansados de hablar de ellas, de caminar con ellas, ya no sentimos su radical necesidad-. La verdadera política no tiene que ver con los partidos, sino que su fondo sustantivo está mucho más allá de éstos. Para poner un ejemplo claro, reducir la política a los partidos es como reducir el amor al matrimonio –y todos sabemos cómo éstos no están necesariamente relacionados-. Deberíamos, por tanto, buscar políticas para nuestro tiempo y no intentar traspasar las del pasado a nuestro presente.
Así pues, la verdadera actitud política, la de quien verdaderamente sabe que la política es siempre una materia volátil y dispuesta a cambiar, a estirarse, a ensancharse: no se quedará nunca anclada en un partido. Al contrario, estará siempre dispuesta a la revisión de las ideologías, al cambio, a escuchar al otro que quizá haya descubierto un ámbito político esencial que antes se desconocida y sin el cual se hacía imposible el avance. Las ideas políticas no dejan de ser ideas y como tales hay que tomarlas, no como dogmas casi religiosos. Decía un personaje en una novela de Pío Baroja: “Fulano cree en el socialismo como se cree en la Virgen del Pilar”, contra esto es justamente contra lo que hay que luchar, contra esa seriedad religiosa que siempre acecha a la política. Yo eso lo veo cantidad de veces en los que se embozan en una bandera y la toman como una imagen casi mística, sea la bandera de España o sea la bandera de la República, o en los que no son capaces de pensar más allá de las directrices de sus partidos. Estos señores no aman la política, sino que la mutilan, la gangrenan, hacen de ella una cosa limitada, una poquita cosa.
¡Amigos, el secreto está en tener ideas, no en dejar que éstas nos tengan a nosotros! No sería esta mala lección para empezar…
