En este año 2007 hay dos hermandades de nuestra querida ciudad de Carmona que están de cuarto centenario. La Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Carmona, Cofradía Pontificia y Real de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de los Dolores y La Antigua, Muy Ilustre y Venerable Hermandad Lateranense, Pontificia y Seráfica Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora y Madre de las Angustias, Sagrado Descendimiento, Nuestro Padre Jesús Cautivo de Belem y Nuestra Señora de los Ángeles. O sea, El Silencio y San Francisco, que por este breve nombre las conocemos todos. el Silencio celebra el 400 aniversario de la factura de su magnífica imagen titular; la de San Francisco celebra la aprobación de sus primeras reglas hace ahora 400 años.
Mi hermandad de las Angustias está ahora comenzando a celebrar su 400 cumpleaños. La hermandad de Nuestro Padre ya ha llegado al momento culmen de sus celebraciones con la salida extraordinaria de su titular. Es por eso que más adelante tendremos tiempo de hablar de las celebraciones de la hermandad de San Francisco y hoy me ocuparé de las del Silencio.
Los actos del cuarto centenario del Nazareno empezaron, al menos de forma pública, con la exposición que montó la Hermandad de Nuestro Padre en los días de la novena a la Santísima Virgen de Gracia. La exposición fue magnífica tanto por lo expuesto como por la forma de exponerlo. La verdad que uno se hacía una idea de cómo durante estos 400 años ha cambiado el culto y han evolucionado las hermandades y cofradías de nazarenos. Además, el marco de la exposición era ideal: la grandiosa Casa Palacio de los Ruedas, del siglo XVIII, que muchos carmonenses tuvieron ocasión de conocer. Siguieron los cultos internos de la hermandad, pero no tengo constancia de ningún otro acto externo hasta la salida extraordinaria, durante la cual el Excmo. Ayuntamiento le impuso la medalla de oro de la ciudad a la venerada imagen.
Yo pude ver la procesión en la plaza de San Fernando, muy cerca del Ayuntamiento. Me sorprendió ver la procesión más relajada, mucho más distendida y nada sobria, tan distinta a la que nos tienen acostumbrados, pero sin duda la ocasión lo merecía. De deleite para los sentidos, la entrada del paso del Señor a los sones de Amargura en la plaza. Éstas son de las chicotás que guardaré para siempre en mi retina, en mi mente y en mi corazón. De alegría y emoción desbordada, el momento de la vuelta sobre los pies, mirando Nuestro Padre a todos los que estábamos en la plaza arriba, mientras la banda del Maestro Tejera, la del coso del Baratillo, tocaba una bella marcha, bien escogida para la ocasión, marcha que, si no alegre, menos seria.
Sobre la distinción de nuestro Ayuntamiento con la medalla de oro de la ciudad, decir que no lo tengo del todo claro. Esta distinción no se debe tomar a la ligera. En la otra ocasión, que yo sepa, que se ha distinguido a una imagen con esta medalla fue a la Santísima Virgen de Gracia con motivo de su Coronación en 1990. Es indudable que la devoción a la imagen de Nuestra Excelsa Patrona une a todos los creyentes de esta ciudad. Si hay una devoción que una a todos los carmonenses, ésta es sin duda la devoción a la Virgen de Gracia. Incluso los que no son creyentes ven a la Virgen de Gracia como muestra, como símbolo, como seña de identidad del pueblo de Carmona. Pero pienso que no se puede decir lo mismo de la imagen de Nuestro Padre, a la que yo personalmente le tengo verdadera devoción y que no puedo dejar de ver en la noche del Viernes Santo. No creo que haya una imagen de Cristo en Carmona, que se pueda decir que es el Señor de Carmona, como dijo Juan Ávila, el líder de la oposición, si se puede llamar así. Tan Señor de Carmona considero el Domingo de Ramos a la magnifica talla del Cristo de la Coronación de Espinas, como el Viernes Santo a la de Nuestro Padre, pasando por todas las tallas que procesionan en los días de nuestra Semana Santa. En todo caso, y cosa distinta hubiese sido distinguir a la hermandad con la medalla, pero ésta sería otra discusión. Dejar claro que esta es una opinión totalmente personal, que no creo que hiera a nadie, pero sí me gustaría levantase un debate sobre el tema y no se tome a la ligera el hecho de una distinción tan importante.
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miércoles, 11 de febrero de 2009
Cuatro siglos de Nazareno y Angustias
Salud.
Ntro. Padre estrenó Paso. Tradición y Vanguardia
Por Manuel López Vera.En esta Semana Santa ha habido una verdadera expectación en el mundo cofrade por el estreno del paso de la hermandad del Silencio. Es curioso que hubiera tantas opiniones en contra y que nadie hubiera visto el paso antes de su salida procesional.
Yo estaba muy interesado y expectante, me parece muy valiente por parte de esta primitiva hermandad apostar por el cambio, por como ellos dicen “…una bocanada de aire fresco, una apertura de nuevos caminos, una actualización de los conceptos clásicos, innovando y aportando soluciones estéticas y técnicas inéditas hasta el momento…”. Sin duda la apuesta es fuerte y arriesgada, pero estoy seguro de que Juan Fernández Lacomba ha sabido afrontar este reto, que ha sabido conjugar tradición con el lenguaje más actual y moderno.

Ha un magnifico broche para la celebración del cuatrocientos aniversario de la factura del Cristo, el estreno de este magnífico e innovador paso. Aunando el siglo XVII y el XXI en un mismo proyecto, en unas mismas andas procesionales el barroco con el lenguaje moderno. Ha sido curioso ver en un mismo cortejo el paso de palio más antiguo y clásico junto con el paso de misterio más actual y moderno. Un paso que según su autor contempla tres conceptos fundamentales: el risco, o camino-roca; la idea del cáliz-patena, como eco de la forma metafórica del sacrificio; y la misma forma de altar-andas, dentro de la más estricta tradición y de la ineludible funcionalidad procesional misma. Lo dicho, el lenguaje artístico del XVII con un lenguaje como la poesía moderna, sencilla y simple en las formas pero cargada de simbolismo, significado y contenido.
Seguro que Juan Fernández Lacomba ha sabido cumplir con las expectativas de la hermandad que la realización sea un paso actual, nuevo y moderno, pero que encaja perfectamente en la cuidada estética de la Hermandad y diseñado expresamente para que resalte la imagen de Nuestro Padre, que es, al fin y al cabo, el propósito que se persigue.
Pero el estreno más importante que ha realizado esta hermandad es que las hermanas por fin han podido ocupar un sitio igual que los hombres en el cortejo procesional del Viernes Santo. Las hermandades y cofradías no deben renovar, estrenar o modernizar solamente sus enseres. Sino corren el peligro de quedarse solo en aspectos formales y vacíos de contenido. Las hermandades son también hijas del Vaticano II y no solo nietas de Trento. Esta hermandad ha sido la última en reconocer este derecho a las mujeres y eso si que es una renovación del lenguaje, de actualización a los tiempos modernos, quiero felicitar a la hermandad por esta aprobación. Más vale tarde que nunca.
Yo estaba muy interesado y expectante, me parece muy valiente por parte de esta primitiva hermandad apostar por el cambio, por como ellos dicen “…una bocanada de aire fresco, una apertura de nuevos caminos, una actualización de los conceptos clásicos, innovando y aportando soluciones estéticas y técnicas inéditas hasta el momento…”. Sin duda la apuesta es fuerte y arriesgada, pero estoy seguro de que Juan Fernández Lacomba ha sabido afrontar este reto, que ha sabido conjugar tradición con el lenguaje más actual y moderno.

Ha un magnifico broche para la celebración del cuatrocientos aniversario de la factura del Cristo, el estreno de este magnífico e innovador paso. Aunando el siglo XVII y el XXI en un mismo proyecto, en unas mismas andas procesionales el barroco con el lenguaje moderno. Ha sido curioso ver en un mismo cortejo el paso de palio más antiguo y clásico junto con el paso de misterio más actual y moderno. Un paso que según su autor contempla tres conceptos fundamentales: el risco, o camino-roca; la idea del cáliz-patena, como eco de la forma metafórica del sacrificio; y la misma forma de altar-andas, dentro de la más estricta tradición y de la ineludible funcionalidad procesional misma. Lo dicho, el lenguaje artístico del XVII con un lenguaje como la poesía moderna, sencilla y simple en las formas pero cargada de simbolismo, significado y contenido.
Seguro que Juan Fernández Lacomba ha sabido cumplir con las expectativas de la hermandad que la realización sea un paso actual, nuevo y moderno, pero que encaja perfectamente en la cuidada estética de la Hermandad y diseñado expresamente para que resalte la imagen de Nuestro Padre, que es, al fin y al cabo, el propósito que se persigue.
Pero el estreno más importante que ha realizado esta hermandad es que las hermanas por fin han podido ocupar un sitio igual que los hombres en el cortejo procesional del Viernes Santo. Las hermandades y cofradías no deben renovar, estrenar o modernizar solamente sus enseres. Sino corren el peligro de quedarse solo en aspectos formales y vacíos de contenido. Las hermandades son también hijas del Vaticano II y no solo nietas de Trento. Esta hermandad ha sido la última en reconocer este derecho a las mujeres y eso si que es una renovación del lenguaje, de actualización a los tiempos modernos, quiero felicitar a la hermandad por esta aprobación. Más vale tarde que nunca.
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